300px-Antonio_Povedano._Retrato_de_Góngora.jpg
Góngora. A. Povedano
La polémica sobre Góngora.



La difusión de Polifemo y Galatea y las Soledades dio lugar a la polémica más importante de la literatura española: los partidarios de una poética sublime y compleja frente a los defensores del clasicismo a ultranza, creándose dos bandos opuestos: simpatizantes seguidores que elogiaban su hacer poético, el enorme valor de su poesía, y adversarios feroces que comenzaron a criticar su estilo, burlándose de determinados pasajes de sus obras, si bien las posturas artísticas enfrentadas formaban parte de la tradición española.

Su estilo suscitó inmediatamente la oposición de humanistas como Francisco de Cascales, que cuando leyó las Soledades afirmó que el príncipe de la luz, refiriéndose al poeta de las letrillas, se había convertido en el príncipe de las tinieblas. El Góngora de Polifemo y Soledades fue mal entendido por la crítica de su tiempo, provocando un escándalo en el mundo de las letras. Con todo ello, la obra de Góngora origina comentarios e interpretaciones escritas, convirtiéndose en un clásico a los ojos de sus contemporáneos. Sus obras circulaban en copias manuscritas a precios elevados, siendo destacadas las Anotaciones del estudioso cordobés amigo de Góngora Pedro Díaz de Rivas (1616-1624), los comentarios de Manuel Ponce a las Soledades, que datan de 1613, Las Lecciones solemnes de Pellicer o las opiniones de Salcedo Coronel y Salazar Mardones a los grandes poemas y a la Fábula de Píramo y Tisbe, respectivamente. En ellos destacan elogios sin límite a su creatividad: Homero español, Píndaro andaluz, Marcial cordobés, Cisne del Betis, Príncipe de los poetas. Estas afirmaciones nos sirven para valorar que en un siglo que contaba con escritores de la talla de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo y Calderón, Góngora fue apreciado como lo que fue. Cabe destacar la importancia de Góngora con la postura de Juan de Jáuregui, que tras escribir su Antídoto contra las Soledades, pasó a ser imitador suyo en su poema Orfeo (1624). La prestigiosa investigadora argentina Melchora Romanos comenta las Anotaciones de Pedro Díaz de Rivas, así como otros, para opinar que Góngora,justo al tiempo de dar a conocer sus obras mayores, tenía puestos sus ojos en los Comentaristas pues sabía de la necesidad de ellos para defender su obra, consideradas por Dámaso Alonso inteligentes y sensatas, además de con buena erudición.

claculturagarnelo.jpg
J. Garnelo. La cultura española a través de los tiempos

La influencia de Góngora, en ambos sentidos, se hizo notar en la literatura española de los siglos XVI y XVII: se exageraron sus virtudes, por una parte y los defectos, por la otra, al referirse despectivamente estos últimos a la identificación entre gongorismo y culteranismo por su relación de este con luteranismo y lo herético del mismo. Lo cierto es que la lengua castellana, como señalan Dámaso Alonso y Robert Jammes, se enriqueció enormemente con las genuinas aportaciones de un gran poeta como Góngora.
cpormenor_garnelo.jpg
Garnelo y Alda. Góngora


Entre los valedores de Góngora hay que destacar al Conde de Villamediana, amigo del poeta cordobés, muy conocido en la España de principios del siglo XVII por sus mordientes epigramas. El conde, personaje teatral y novelesco, murió asesinado. Otro admirador de Góngora es el canónigo granadino Pedro Soto de Rojas, que hace patente su gongorismo en su obra Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos. En el siglo XVIII encontramos su influencia en los granadinos Alonso Verdugo, Conde de Torrepalma y en José Antonio Porcel en Adonis, donde conviven los gongoremas con la influencia de Garcilaso, si bien los gustos en estos tiempos retornan al clasicismo. A partir de 1737, en que Luzán publica su Poética (una preceptiva neoclásica), comienza la reacción contra Góngora y esa actitud negativa dura hasta fines del XIX. Por supuesto, la condena se refiere a sus obras difíciles, especialmente a las Soledades y a la Fábula de Polifemo y Galatea. Sus obras más fáciles, sobre todo sus romances y letrillas, siempre fueron gustadas. La poesía difícil, sin embargo, no sólo era condenada sino que llegó a no entendérsela.

En el siglo XIX, la crítica negativa al Modernismo identifica a este con la obra de Góngora por lo de artificioso e hiperculto de ambos; sin embargo, Rubén Darío, el gran poeta modernista, publicó en La Ilustración Española y Americana (Madrid, 15 de junio de 1899) el poema Trébol, tres sonetos dedicados a Góngora en forma epistolar los dos primeros. El primero se titula De D. Luis de Góngora y Argote a D. Diego de Silva Velázquez y el segundo De D. Diego de Silva Velázquez a D. Luis de Góngora y Argote. Se trata de dos supuestas cartas enviadas entre los dos genios de la literatura y de la pintura, en una especie de intento por parte de Darío de alabar y ensalzar la figura de ambos, especialmente la de Góngora. A ellos se une un tercero, donde el maestro Rubén ensalza a ambos con este famoso verso: Las rosas a Velázquez, y a Góngora claveles. Estos poemas fueron incluidos posteriormente en Cantos de vida y esperanza (1905).Como ejemplo, veamos el segundo:

DE D. DIEGO DE SILVA Y VELÁZQUEZ A D. LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE

Alma de oro, fina voz de oro,
al venir hacia mí ¿por qué suspiras?
Ya empieza el noble coro de las liras
a preludiar el himno a tu decoro:

Ya al misterioso son del noble coro
calma el Centauro sus grotescas iras,
y con nueva pasión que les inspiras,
tornan a amarse Angélica y Medoro.

A Teócrito y Pussin la Fama dote
con la corona de laurel supremo:
que en donde da Cervantes el Quijote

y yo las telas con mis luces gemo,
para D. Luis de Góngora y Argote
traerá una nueva palma Polifemo.

Entre los detractores de Góngora, destaca la tradicional contraposición entre Lope de Vega y Góngora ya desde el tiempo de los primeros romances, como signo de dos conceptos dispares del arte y del mundo; cuando en realidad Lope valoraba al poeta cordobés, como podemos apreciar en su soneto Despierta, oh Betis, la dormida plata, aunque no a la inversa. Para más detalle sobre ambos, el profesor Orozco nos informa acerca de las cartas que ambos se enviaban. Es comentada la oposición entre Quevedo y Góngora, entre el conceptismo del primero y el culteranismo del segundo, que no es tal: Góngora era tan conceptista como culteranista, como ha demostrado la crítica. Se ha exagerado la oposición entre ambos: Robert Jammes ha destacado la entrada tardía de Quevedo en la polémica en torno a las Soledades y ha puesto en duda la legitimidad de la atribución de las supuestas sátiras antigongorinas. Igualmente lo hace Antonio Carreño, al tiempo que detalla los versos de Góngora que, siguiendo la costumbre de la época, usa Quevedo en sus poemas, lo que prueba la influencia de Góngora en este. Por otra parte, para quienes escriben después de Góngora, la poesía de Don Luis es de referencia obligada a comentarios, citas, glosas en burlas o en veras. Así, Quevedo no tuvo impedimento en escribir La culta latiniparla (1624), burlesco manual para hablar en lenguaje gongorino. Sin embargo, Amelia de Paz, entre otros, solo ve dos poemas auténticos en que Góngora dirige sus dardos contra Quevedo: Anacreonte español, no hay quien os tope (1609-10) -este ironiza mordaz sobre la identificación de Quevedo con Anacreonte, que cantó al amor homosexual- y Cierto poeta, en forma peregrina (1618) y quizá un tercero, Con poca luz y menos disciplina (1613), concluyendo que Don Luis no tiene nada ni personal ni literario contra Quevedo. Como se ha dicho antes, las sátiras y burlas hacia la poesía de los más destacados autores era una constante. Piénsese por ejemplo que el soneto Hermano Lope, bórrame el sone- donde se ironiza sobre la obra de Lope, pensó Lope de Vega que lo había escrito Cervantes, cuando era de Góngora, según la estudiosa B. Ciplijauskaité.

Influencias.

El influjo de la poesía gongorina llegó a Portugal y a América en el mismo siglo XVII: la mexicana sor Juana Inés de la Cruz, mujer autodidacta, precoz poetisa y dama de la corte del virrey, además de novicia de la orden carmelitana y jerónima, escribió bajo su influjo su célebre Amar es más laberinto. La estudiosa Marta L. Tenorio nos dice que se tuvo a nuestro autor en Méjico desde el principio como el "Píndaro más lírico". Publicada en 1662 aparece Apologético en favor de Luis Góngora, príncipe de los poetas líricos españoles, del clérigo y literato del Perú, Juan de Espinosa Medrano, la obra que le aseguró un lugar en la posteridad, apasionada defensa del gran poeta cordobés contra los ataques del portugués Manuel de Faría y Sousa, pero también un ejercicio de estilo y la aplicación al análisis de los versos gongorinos, de ideas avanzadas para su época y, en algún caso, próximas a las de la estilística del siglo XX, como lo remarca Dámaso Alonso. El Apologético en favor de Luis Góngora no impidió que una de las figuras que más daño hicieron a Góngora, don Marcelino Menéndez Pelayo, lo calificara de "perla caída en el muladar de la poética culterana". En el siglo XX destaca el cubano Lezama Lima, entre otros. Por su parte, en el Virreinato del Perú se propuso a Góngora como modelo para dignificar y ensalzar la lengua literaria, siendo seguido con más o menos acierto por muchos.

La reivindicación de Góngora comenzó a fines del siglo XIX con los simbolistas franceses como Paul Verlaine y consecuentemente, el modernista nicaragüense Rubén Darío. Todos estos poetas veían en Góngora el artista hermético, raro, incomprensible y rechazado por la crítica académica y oficial. También veían en él un aliado contra el realismo de la época, y el interés en crear una poesía exquisita, aristocrática, de esforzada perfección que sustituyera el mundo de las cosas por otro de representaciones. Antonio Machado, tan preocupado por el concepto poético, escribió su primera obra con el título de la obra gongorina, Soledades.
En el siglo XX, la reivindicación de Góngora empieza con el famoso ensayista mejicano Alfonso Reyes (Cuestiones gongorinas, 1927). En este mismo año, 1927, empieza también la reivindicación gongorina en España cuando se celebra el tricentenario de su muerte.

En la conmemoración del tercer centenario de su muerte, en el Ateneo de Sevilla, un grupo indiscutible de poetas tomará para sí la denominación de Generación del 27
generacion_27.jpg
Miembros del grupo de 27 en el Ateneo de Sevilla
, elogiando la poesía de Góngora. Y es que, tres siglos atrás, el autor del Polifemo ya se había propuesto hallar un lenguaje especial para la poesía, netamente alejado del lenguaje usual, destacando especialmente sus deslumbrantes metáforas.


Luis Cernuda (1957) en un ensayo titulado Generación de 1925 (incluido en Estudios sobre poesía española contemporánea) determina una etapa de influencia gongorina en La Generación del 27 y Dámaso Alonso con su estudio La lengua poética de Góngora desentrañó definitivamente la obra del admirado cordobés expresando la seducción ejercida por Góngora con estas palabras: "La huella gongorina reforzaba la nitidez de frías perfecciones técnicas que señalan el destino de los primeros años de aquella generación. Góngora venía a favorecer el culto por la imagen, la ambición universal de nuestros anhelos de arte y el enorme intervalo que queríamos poner entre poesía y realidad" . Federico García Lorca recogió este interés por Góngora en su conferencia titulada La imagen poética de Góngora, en la que negó la oposición entre lo popular y lo culto en la poesía del poeta cordobés y reclamó una lírica libre de las amarras realistas, basada en la metáfora y la creación sin ataduras. Por su parte, Rafael Alberti decía: "El Góngora nuestro, el que habíamos hecho revivir, convivir con nosostros en todo instante, era muy distinto al de las generaciones anteriores, incluso a la de Rubén Darío, pues aunque esta también tenía el suyo, era un Góngora bastante superficial, oído casi a la ligera. La estética del poeta cordobés venía a coincidir con la nuestra, o con parte de ella, en cosas muy esenciales: nuestro culto por entonces a la metáfora, la imagen, el nuevo giro sintáctico, el vocablo preciso, el orden, el rigor, hallando en Góngora un maestro".

Desde Salinas a Guillén, destacan Gerardo Diego con la Fábula de Equis y Zeda (1926-29), difícil y virtuosista tributo al arte gongorino, y Rafael Alberti con su su obra Cal y canto (1926 y 1927) rinde tributo a la moda gongorina con sonetos, composiciones en tercetos, romances cultos y hasta una Soledad tercera. Otras influencias son las dedicaciones de Jorge Guillén En honor de don Luis de Góngora, recogido en su obra Cántico; Góngora, de Luis Cernuda, de su libro La realidad y el deseo; Poema del agua de Manuel Altolaguirre y Noche en urna de Emilio Prados, publicados en la Revista Litoral (1927) y A don Luis de Góngora de Vicente Aleixandre, publicado en Verso y prosa (1927).

miguel_hernández.jpgMiguel Hernández, compañero de viaje de la Generación del 27, se vio influido por Góngora en su libro Perito en lunas. La dificultad de la poesía de Góngora no fue óbice para que un hombre de formación autodidacta como Miguel Hernández lo comprendiera. "Fue su primer maestro literario. Tenía una capacidad de mimetismo y un talento literario infinitos. No tenía demasiadas cosas a su alcance, pero lo leyó y asimiló perfectamente", explicó Guillermo Carnero.

Posteriormente, el Grupo Cántico de Córdoba, ya desde 1947, tuvo a nuestro autor presente con autores destacados como Juan Bernier, Ricardo Molina, y nuestro longevo y reconocido poeta Pablo García Baena, así como otros vinculados al Grupo Cántico por su línea poética y por amistad como José de Miguel, destacando igualmente los llamados Novísimos (o Generación de los 70), entre ellos el profesor Guillermo Carnero y Pere Gimferrer y su obra Arde el mar, verso gongorino, quienes fraguaron su arte a partir de la obra de Góngora.

Bibliografía:

- Carreira, Antonio, Presencia de Góngora en la poesía de Quevedo. Congreso Góngora, orígenes, textos y representaciones. Córdoba. 2011.
- Dámaso Alonso, La lengua poética de Góngora (Madrid: Revista de Filología Española, 1950)
- Jammes, Robert. La obra poética de Don Luis de Góngora y Argote. Madrid, Castalia, 1987.
- Orozco Díaz, E. Lope y Góngora frente a frente, Madrid, Gredos, 1973
- De Paz, Amelia. Góngora... ¿y Quevedo? Criticón nº 75 (1999) Centro Virtual Cervantes
- Rozas, J.M. Góngora, Lope, Quevedo. Poesía de la Edad de Oro II. Centro Virtual Cervantes
- Tenorio Marta L. Apologético a favor...: revalorización del gongorismo en Nueva España. Congreso Internacional El universo de Góngora, orígenes, textos y representaciones. Córdoba 2011.