CONSIDERACIONES SOBRE EL BARROCO ESPAÑOL.


Al comenzar el siglo XVII, España sigue siendo la primera potencia de Europa. Es en este siglo cuando se inicia el proceso de descomposición interna que culminará con la pérdida de la hegemonía española. La miseria y la despoblación interior causadas por las distintas guerras y varias pestes dentro y fuera de nuestras fronteras originan una gravísima bancarrota económica. Las enormes riquezas americanas traídas de las colonias ya no lograban paliar esta profunda crisis, que, junto con la expulsión de judíos y moriscos y la consiguiente pérdida de mano de obra cualificada, estaban dejando exhausto al país.
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Monumento a Góngora. Salamanca. J. Grande. Del libro Imagen de Góngora


Muchos aspectos de este desolador panorama se reflejan ya en El Lazarillo de Tormes (1554), y se advierten con más negras tintas en la novela picaresca del siglo XVII. El mismo Cervantes refleja en El Quijote cierto escepticismo. El verdadero desmoramiento se produce en el reinado de Felipe IV ( 1621-1665).

SIGLO DE ORO.

Sin embargo, el desmoronamiento económico no tiene paralelismo en el mundo artístico. Estos primeros años del siglo XVII, como ya había sucedido en el siglo anterior, producen figuras de gran talla. Se habla de ambos períodos con la denominación de Siglo de Oro de la literatura y de las artes plásticas españolas.

EL BARROCO.


El Barroco es el movimiento estético, artístico y literario desarrollado en Europa en el S.XVII enraizado en la vida. Si el Renacimiento suponía la grandeza política de España, el Barroco supone la decadencia española; si en el Renacimiento los españoles se sienten seguros de sí mismos, de su importancia en Europa, en el Barroco se da una desconfianza y desengaño, una visión pesimista de la vida.

En lo literario supone el abandono del pensamiento renacentista y la renovación de técnicas y estilos anteriores. En España, quizá a causa del nuevo espíritu de la Contrarreforma, el Barroco supone un período de asimilación y españolización de las formas italianas importadas durante el Renacimiento; es decir, se produce una renovación de técnicas y estilos que por intensificación y depuración de tales fórmulas, se adaptan a la tradición española y al nuevo espíritu.

El Renacimiento presentaba un estilo de armonía, mesura y naturalidad, que chocaba con las formas que comenzaban a caracterizar los estilos barrocos, identificados por la intensidad, tensión y artificio. Fue, "una pérdida de la serenidad clásica” que se traduciría en actitudes extremas, según explica Rafael Lapesa. Idiomáticamente, la expresión barroco encierra las ideas de extravagancia y de exageración; con un marcado sentido peyorativo que alude a un rebuscamiento formal sin fundamento real. La doctrina estética del Barroco postula un perfeccionismo por el rebuscamiento de efectos novedosos y de sorpresa; un desafío al reto de las dificultades formales, haciendo alarde de ingenio en la creación de artificios que requiere la necesidad de un esfuerzo en el receptor de la obra de arte, para descifrar su sentido y su contenido. Como un antecedente del Barroco, procede mencionar el Manierismo, un estilo que se desarrolló en Italia en el siglo XVI, y que especialmente tuvo aplicación en los campos de la pintura y la escultura, caracterizado por el uso de figuras muy exageradas, a menudo con posturas forzadas o con efectos dramáticos, y con una elección de los colores bastante arbitraria. Sin embargo, el Manierismo es una postura estética, mientras el Barroco tiene un fondo vital y anímico que, aunque confundido en su arranque con los recursos expresivos del Manierismo, y, aun contando con ellos para producir sus efectos de sorpresa, es el impulso de lo irracional, y con ello el valor de lo sensorial, lo que lo caracteriza.


Bibliografía:

- De Riquer, M. y Valverde J Mª. Historia de la Literatura universal. Editorial Planeta. 1984.
- Orozco Díaz, Emilio. Manierismo y Barroco. Editorial Cátedra. 1975.