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Góngora. A. Povedano. Del libro Imagen de Góngora.


Luis de Góngora es, como otros grandes autores que florecen en torno al reinado del rey Felipe III (1598-1621), puente entre dos siglos característicos, según la división usual de Renacimiento y Barroco. Es, por ello, un clásico en pugna con el clasicismo, cuya validez cuestiona, critica o ridiculiza, pero del que se nutre y al que transforma mientras renueva sus formas desgastadas. Góngora tomó numerosas voces cultas de origen grecolatino y medieval, popularizando y difundiendo estas palabras en el ámbito literario, por lo que fue duramente atacado por sus detractores al considerarlo un extravagante del lenguaje, y utilizar vocablos en desuso.


Según Dámaso Alonso, es más válido hablar de una “división longitudinal, no transversal” de su obra, entre dos planos: uno terrenal, de escepticismo, parodia, burla, y otro superior, entusiasta, embellecedor, exaltador. La presencia de los dos planos divergentes y contradictorios es una constante de su poesía, tanto en la juventud como en la madurez de Góngora. Si existe una polaridad gongorina, una faz solar y otra tenebrosa, eso se debe a la existencia de estos dos planos y no a la cantidad de recursos poéticos asombrosos, como el hipérbaton, que el poeta había utilizado tanto en el primer como en el segundo período de su creación. Dámaso Alonso demuestra que un romance como Angélica y Medoro, del primer período, contiene ya un alto grado de oscuridad y artificiosidad.


Lo que caracteriza la poesía de Góngora es la afición a lo preciosista y distinguido por una parte, y su gusto por lo paródico y humorístico. Esta constante se manifestará en las dos etapas, cambiando sólo la modalidad de expresarla: el primer estilo abunda en chistes, alusiones y sutilezas “conceptistas”, en el segundo se añaden las dificultades relacionadas con el léxico (latinismos, neologismos) y el hipérbaton. Robert Jammes habla en un artículo de 1961 de cuatro actitudes fundamentales de Góngora: 1) El rebelde, satírico, crítico de la sociedad que escribe sus letrillas contra los jueces, médicos y todos los que aparentan más de lo que son en realidad; 2) El poeta integrado en la sociedad que escribe los consabidos poemas cortesanos, poesías sacras, panegíricos y elogios; 3) El poeta petrarquista, explorador del inmenso bagaje cultural y formal heredado, conocedor a fondo de la mitología y de los clásicos, que escribe sus sonetos italinizantes y los romances serios; 4) El poeta original, que forja en el Polifemo y las Soledades un mundo poético propio, que lejos de ser antirrealista es, al contrario, capaz de destilar los matices más finos e inobservados de la realidad.

Las características del estilo que hicieron original a Góngora eran fruto de su manierismo, es decir, de la estilización de los motivos y las formas recatadas del Renacimiento: Góngora fue manierista, sobre todo, en los sonetos amorosos de juventud, proponiéndose brillantes ejercicios de imitación creativa y embellecimiento. Una vez que se ha ejercitado, se muestra más rebelde con los modelos, sobre todo con el petrarquismo, inadecuado a su postura personal más epicúrea que platónica. El resultado es una poesía sentimental, pero sensible: hipérbole en las sensaciones e imágenes, aristocrática rareza en el estilo, magia del vocabulario y de la mitología, absoluta gratuidad en la fantasía. "Hacer poesía era para él complacerse en un leve e intrascendente juego de imaginación y estilo, apoyándose sobre una armadura previa y "externa", que no importaba mucho si era falsilla de lo popular o el enfático artilugio escenográfico de las fábulas "cultas". Siempre se trataba de perseguir una sutil sorpresa de ingenio, un chispazo de gracia, que deslumbrase la mente por un instante, habitualmente a costa de largos trabajos..." (Riquer y Valverde. Historia de la Literatura Universal)

Los rasgos esenciales del culteranismo se hallan vinculados al sentir estético del sur de España. Así tenemos tres grandes poetas andaluces: Mena en el siglo XV, Herrera en el XVI y Góngora en el XVII. El gongorismo supone una defensa de los cultismos literarios, que poseen un alto valor fonético e intensidad musical para realzar la fuerza del verso. El cultismo gongorino suele ser esdrújulo que, además de aumentar la expresividad, le permite eludir palabras ya desgastadas. Continuando con la tradición culta italianizante, utiliza el hipérbaton, que supone la alteración del orden normal de las palabras, del que Góngora es todo un maestro. Este instrumento es el que permite dar una mayor intensidad sonora a su lengua poética, consiguiendo un efecto colorista y musical. La voluntad de obtener el destello deslumbrador justifica que sus colores estén ennoblecidos hasta alcanzar una esencialidad ultraterrena: no hay amarillo, sino oro; no hay blanco, sino nieve o marfil; no hay rojo, sino púrpura o rubí; no hay verde, sino esmeralda; no azul, sino zafiro, y todas las visiones están potenciadas al máximo. A ello contribuye la sintaxis; destaca por sus periodos largos, debido a la proliferación de complementos circunstanciales y de oraciones subordinadas, que incluyendo otros recursos, como la metáfora, y la adjetivación matizada, origina realidades inusuales y sorprendentes. Ejemplos de ello los podemos ver en los siguientes versos:"Era del año la estación florida" (la primavera); " De este, pues, formidable de la tierra bostezo,/ el melancólico vacío, a Polifemo,/ de aquella sierra, bárbara choza es" (La choza de Polifemo era un formidable bostezo de la tierra -una cueva-)

Todo el arte de Góngora consiste en un doble juego: esquivar todos los elementos de la realidad cotidiana, para sustituirlos por otros que correspondan a realidades distintas del mundo físico y que solo podemos deducir por intuición. Esto es lo que llamamos metáfora y en Góngora, aunque muchas veces vemos la metáfora renacentista, cada vez más va forzando la distancia entre los diversos términos y el resultado es asociaciones insospechadas. A partir de 1600 incrementa el uso de la metáfora y en Soledades consigue un lenguaje metafórico pleno, reforzado por el empleo de hipérboles. Ejemplos de metáforas y de hipérboles podemos ver en : "Tu cabello,/ oro bruñido al sol relumbra en vano" (el oro bruñido no puede rivalizar con su cabello, lo que sugiere un cabello brillante y rubio). Ejemplo : un ojo ilustra el orbe de su frente,/émulo casi del mayor lucero; (un brillante ojo destaca en su inmensa frente, envidia del sol). El uso audaz de la metáfora responde a un febril anhelo de esquivar los aspectos desagradables o neutros de la realidad cotidiana, para atender tan solo a los que ofrecen algún valor estético. "El procedimiento no era nuevo, pero así como el poeta renacentista se limitaba a utilizar el lenguaje figurado como recurso frecuente, el culterano hará uso de él como forma casi exclusiva de expresión. Gracias a le metáfora, la miel se convierte en oro, los labios en puertas de rubíes, los pájaros cantores en inquietas liras. [...] El poema queda reducido a una brillante sucesión de imágenes, expuestas en un estilo afectado y difícil pero espléndido y magnificente, en el que, no obstante, falta a menudo la vibración cordial de la poesía del Renacimiento". (José García López: "Historia de la literatura española").

Existe también en su poesía, y con la misma frecuencia que la metáfora, una sustitución más parcial, pues conservando la noción real esquiva la palabra. Esta huida de la palabra que debía expresar la noción es lo que da origen a la perífrasis donde, según Dámaso Alonso "la imaginación describe un círculo, en el centro en el cual se instaura, intuida, la palabra no expresa". Ejemplos: "Doméstico del sol, nuncio canoro", (para designar el gallo); "Píramo fueron y Tisbe,/ los que en verso hizo culto/ el licenciado Nasón/ (bien romo o bien narigudo)/ dejar el dulce candor/ lastimosamnete oscuro/ al que túmulo de seda/ fue de los dos casquilucios/ moral que los hospedó;/ y fue condenado al punto,/ si el Tigris no en raíces,/ de los amantes en frutos ( Dice D. Luis que Ovidio describió la muerte de Píramo y Tisbe. Así aparece en las "Metamorfosis", donde cuenta cómo murieron al pie de un moral, por eso le llama Túmulo de seda, porque los gusanos de la seda se alimentan de hojas de moral, y fue condenado el moral, las moras, en fruto de los amantes, quedando oscuro su candor, porque las moras que antes eran blancas, teñidas en la sangre de Píramo y Tisbe quedaron coloradas. Esta condena se debió a ello, no a que el río Tigris destruyera sus raíces).

Otros recursos característicos de su estilo que estructuran la expresión son la Gradación: En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada. Bimembración: Al sonoro cristal, al cristal mudo. Paralelismo: Su boca dio, y sus ojos cuanto pudo / al sonoro cristal, al cristal mudo. Así como aquellos que inciden especialmente en el sonido: Asonancia: Infame turba de nocturnas aves. Y en el significado, Calambur: Y tahúres muy desnudos/ con dados ganan condados. Polisemia: Cruzados hacen cruzados/ escudos pintan escudos / y tahúres muy desnudos/ con dados ganan condados, siempre al servicio del ingenio y del efecto poético.

El poeta cordobés no dejaba nada a la improvisación, era un perfeccionista, logró reflejar las más altas cotas de la belleza en la lírica, apasionado por la belleza mágica del universo. Es una poesía de culto a la belleza absoluta y misteriosa, más que una poética intimista del yo. Nunca fue tampoco un poeta religioso, a pesar de que compuso diversos poemas, y de su devoción popular por Nuestra Señora de Villaviciosa y Nuestra Señora de la Fuensanta . "Sin embargo, la ley general es que en el mundo gongorino todo sea cimero, extremoso, absoluto, aun cuando no haya un porqué evidente: una excepción, un momento de naturalidad daría al traste con todo el andamiaje de fantasía". (Riquer y Valverde)

En nuestro, siglo se ha pensado que Góngora fue el profeta de la poesía pura como algebra de metáforas destinada a conseguir un destello cegador por la gracia de un privilegiado ensamblamiento entre un par de palabras en un ritmo. Por eso, Antonio Machado ha podido salvar el valor propio de Góngora entre sus diatribas antibarrocas: "Aunque el gongorismo sea una estupidez, Góngora era un poeta: porque hay en su obra, en toda su obra, ráfagas de verdadera poesía. Con estas ráfagas por metro habéis de medirle".





Bibliografía:

- Orozco Díaz, E. Manierismo y Barroco. Editorial Cátedra. Madrid. 1975
- Alonso Dámaso , La lengua poética de Góngora (Madrid: Revista de Filología Española, 1950)
- Alonso, Dámaso: Estudios y ensayos gongorinos, Madrid, Editorial Gredos, 1955.
- Sabor de Cortázar, Celina. Góngora y la poesía pura. Biblioteca Virtual Cervantes