Lugares gongorinos, notas y lectura poética



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Plaza de La Trinidad
















Iniciamos nuestro paseo literario-cultural en torno a don Luis de Góngora en la Plaza de la Trinidad. Aquí encontramos la efigie del mayor poeta cordobés de todos los tiempos, presidiendo la Escuela de Artes y Oficios. En esta plaza se halla la casa donde se piensa que murió el poeta; la llevaba en arrendamiento de por vida y pertenecía al capellán Juan de Mora. No se conocen exactamente las circunstancias de su muerte: entre el 27 de enero y el 24 de marzo del año 1626 debió de sufrir en Madrid un grave accidente, siendo atendido por los médicos de la Reina Isabel, del que quedó parcial y temporalmente paralítico, junto a una amnesia persistente. Don Luis fue recobrando poco a poco la salud y se vino a Córdoba, confiando seguramente en recuperarse por completo, hecho que no ocurrió. El día 24 de mayo de 1627, fue enterrado en la Mezquita-Catedral. En la fachada de esta casa fue colocada en 1927, como uno de los actos conmemorativos del centenario, una lápida que así lo indica. Junto a su efigie recordamos los versos del poeta compuestos en 1623:
De la Merced(1), señores, despedido,
pues lo ha querido así la suerte mía,
de mis deudos iré a la Compañía(2),
no poco de mis deudas oprimido.

Si haber sido del Carmen(3) culpa ha sido,
sobra el que se me dio hábito(4) un día:
Huélgome que es templada Andalucía,
ya que vuelvo descalzo(5) al patrio nido.
Mínimo(6), pues, si capellán indino,
del mayor Rey, Monarca al fin de cuanto
pisa el sol, lamen ambos océanos,

la fuerza obedeciendo del destino,
el cuadragesimal voto(7) en tus manos,
desengaño, haré, corrector(8) santo.

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A. Ruiz Olmos. Monumento a Góngora


1. Merced: la pensión que se le había prometido.
2. Compañía: me volveré a Córdoba con mis parientes. Compañía se llamaba por antonomasia, la de Jesús.
3. Carmen : poesía (lat.) y Carmelo: orden carmelita.
4. Hábito: el de la orden de Santiago, concedido a su sobrino. Alude a la pobreza de los carmelitas.
5. Descalzos: órdenes de religiosos que profesan ir descalzos.
6. Mínimo: el menor (capellán del mayor rey) y nombre dado a los frailes de San Francisco de Paula.
7.Voto: el que hace los mínimos de no comer carne, leche ni huevos, que Góngora llama cuadragesimal porque parece ayuno de cuaresma.
8. Corrector: el superior o prelado en los conventos de religiosos de San Francisco de Paula. Para Góngora el desengaño es el superior ante el que hará el voto de ayunar perpetuamente.


Proseguimos nuestro paseo en dirección a la calle Sánchez de Feria. Descendemos hacia el río por la calle Romero hasta llegar a la Plaza del Cardenal Salazar para alcanzar la Plaza de las Bulas. Debe su nombre a que en ella se había establecido la venta de las bulas, en el mismo edificio donde actualmente se ubica el Museo Taurino, una antigua casa señorial del siglo XVI. Esta plaza se señala por todos los estudiosos del autor como el lugar de frecuentes juegos del Góngora niño, dada la proximidad de la casa donde nació y habitó en sus primeros años, situada en la actual Tomás Conde, nº 9, propiedad de su tío don Francisco de Góngora, denominada entonces Calle de las Pavas, por los dos pavos reales que flanquean la entrada de la casa nº 10, de los Sigler de Espinosa. Esta bella plaza oculta venerable antigüedad y es señalada como posible escenario de su castizo romancillo Hermana Marica (1580), estando en alguna de las calles adyacentes, probablemente, la panadería de Barbola, la hija de la panadera del romance. Puede procederse a la lectura o recitación del poema.


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Plaza de las Bulas, hoy Maimónides


Hermana Marica,
Mañana, que es fiesta,
No irás tú a la amiga(1)
Ni yo iré a la escuela.
Pondraste el corpiño(2)
Y la saya(3) buena,
Cabezón(4) labrado,
Toca y albanega(5);
Y a mí me podrán
Mi camisa nueva,
Sayo(6) de palmilla(7),
Media de estameña(8);
Y si hace bueno
Trairé la montera(9)
Que me dio la Pascua
Mi señora abuela,
Y el estadal(10) rojo
Con lo que le cuelga,
Que trajo el vecino
Cuando fue a la feria.
Iremos a misa,
Veremos la iglesia,
Darános un cuarto
Mi tía la ollera.
Compraremos dél
(Que nadie lo sepa)
Chochos(11) y garbanzos
Para la merienda;
Y en la tardecica,
En nuestra plazuela,
Jugaré yo al toro
Y tú a las muñecas
Con las dos hermanas,
Juana y Madalena,
Y las dos primillas,
Marica y la tuerta;
Y si quiere madre
Dar las castañetas(12),
Podrás tanto dello
Bailar en la puerta;

Y al son del adufe(13)
Cantará Andrehuela:
No me aprovecharon,
madre, las hierbas.
Y yo de papel
Haré una librea (14)
Teñida con moras
Porque bien parezca,
Y una caperuza (15)
Con muchas almenas;
Pondré por penacho
Las dos plumas negras
Del rabo del gallo,
Que acullá en la huerta
Anaranjeamos(16)
Las Carnestolendas(17);
Y en la caña larga
Pondré una bandera
Con dos borlas blancas
En sus tranzaderas;
Y en mi caballito
Pondré una cabeza
De guadamecí(18)
Dos hilos por riendas;
Y entraré en la calle
Haciendo corvetas(19),
Yo y otros del barrio,
Que son más de treinta;
Jugaremos cañas(20)
Junto a la plazuela,
Porque Barbolilla
Salga acá y nos vea;
Bárbola, la hija
De la panadera,
La que suele darme
Tortas con manteca,
Porque algunas veces
Hacemos yo y ella
Las bellaquerías
Detrás de la puerta.
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1. Amiga. Maestra de escuela de niñas. Escuela de niñas.
2. Corpiño. Prenda de vestir que cubre el cuerpo hasta la cintura, ajustada y sin mangas. *Chaleco, *jubón
3. Saya. Vestidura talar antigua, especie de túnica, que usaban los hombres.
4. Cabezón.Lista de lienzo doblado que se cosía en la parte superior de la camisa y, rodeando el cuello, se aseguraba con unos botones o cintas.
5. Albanega: Especie de cofia o red para recoger el pelo, o para cubrir la cabeza.
6. Sayo: Prenda de vestir holgada y sin botones que cubría el cuerpo hasta la rodilla.
7. Palmilla: Cierto género de paño, que particularmente se labraba en Cuenca.
8. Estameña: Tejido de lana, sencillo y ordinario, que tiene la urdimbre y la trama de estambre.
9. Montera. Prenda para abrigo de la cabeza, que generalmente se hace de paño y tiene varias hechuras, según el uso de cada provincia.
10. Estadal. Cinta bendecida en algún santuario, que se suele poner al cuello.
11. Chochos: Altramuz. Confite, peladilla o cualquier fruto pequeño.
12. Castañeta: Castañuelas.
13. Adufe: Pandero morisco.
14. Librea: Vestido uniforme que usaban las cuadrillas de caballeros en los festejos públicos.
15. Caperuza: Bonete que remata en punta inclinada hacia atrás.
16. Anaranjear. juego de niños que consistía en tirar naranjas contra el gallo en carnaval cara castigar su lujuria.
17. Carnestolendas: Carnaval.
18. Guadamecí. Cuero adobado y adornado con dibujos de pintura o relieve.
19. Corveta: Movimiento que se enseña al caballo, haciéndolo andar con los brazos en el aire.
20. Jugar cañas. Fiesta de a caballo en que diferentes cuadrillas hacían varias escaramuzas, arrojándose recíprocamente las cañas, de las que se resguardaban con las adargas.

Actividad: Dar a leer este poema a los abuelos y pedir que ayuden a aclarar las tradiciones que aquí se guardan. A continuación realizar una exposición-narración que recoja la experiencia.

Recordamos en este lugar la llamada Huerta del Rey, donde Góngora, siendo niño, tuvo un accidente cayendo de un muro donde jugaba con otros chiquillos que a punto estuvo de costarle la vida. La procedencia del nombre se encuentra en la antigua huerta ya desaparecida pertenenciente a la Corona. Estaba situada junto a la muralla occidental de Córdoba, en su tramo comprendido entre la Puerta de Almodóvar y la Puerta de Sevilla, limitando por el oeste con la actual Avenida del Conde de Vallellano. La zona se urbanizó totalmente en los años sesenta del siglo XX. Se trata más en concreto del entorno de la Avenida del Doctor Fleming. Góngora frecuentaba este entorno próximo a la casa donde nació, limítrofe con el Campo Santo de los Mártires, en el entorno de la Judería. La tradición cuenta, de ahí el nombre que toma esta zona, que fue la zona de la ciudad en la cual se sacrificaron y enterraron los mártires cordobeses en tiempo de la dominación romana.

Tomamos dirección por la calle Tomás Conde y Judíos hasta llegar al entorno de la Mezquita-catedral. Frente a la puerta norte o Puerta del Perdón se encuentra la calle Velázquez Bosco. Nos hallamos en la antigua Calle de las Comedias. En Córdoba los corrales de comedias no estuvieron muy lejos de la Mezquita- Catedral, aunque hoy no podamos verlos. Durante todo el s. XVII funcionó un corral en esta calle; de él tenemos planos y abundantes noticias.

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Plano del Corral de Comedias de la Calle Velázquez Bosco


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Calle Comedias, ahora V.Bosco

En el corral el espacio para el público se dividía en patio, con lunetas y gradas en muchos casos, la cazuela, los aposentos y los desvanes. En el patio, de pie o sentados en las lunetas, se situaban los mosqueteros, el público más popular y bullicioso; las gradas se reservaban para los comerciantes y gente con oficio; las mujeres sólo podían situarse en la cazuela; y los desvanes y aposentos se reservaban para los aristócratas y cultos, que se reunían en tertulia. El escenario era muy simple. Se levantaba poco más de un metro, con unas dimensiones en torno a 8 x 3 metros. Su fondo era fijo y lo articulaban tres puertas y una o dos galerías de balcones. Los movimientos de los actores respondían a unos códigos asimilados por el público, hecho que bastaba para obtener la máxima teatralidad con muy pocos recursos.

Para saber más
Y más


















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Corrales de comedias. Siglo XVII

A este y otros corrales de comedias próximos tendría don Luis la ocasión de asistir y ver representaciones algunas de ellas reprobables a un clérigo, como ocurriría cuando el obispo don Francisco Pacheco le censuró el trato con representantes de comedias y la escritura de coplas profanas. De hecho el atractivo de las tablas le llevó a componer a comienzos de la segunda década del siglo XVII Las firmezas de Isabela y El doctor Carlino.


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Puerta del Perdón. Mezquita-Catedral

Nos dirigimos hacia la Mezquita-Catedral accediendo a ella por la Puerta del Perdón para contemplar el Patio de los Naranjos, uno de los más bellos y personales de Andalucía. Es de época barroca la fuente que luce en el centro del patio, Fuente de Santa María, con cuatro caños, y, junto a uno de ellos, un olivo, de ahí el nombre de Caño del Olivo. Muchos poetas se han inspirado en él por los poderes amorosos que desprende:
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Vista del Patio de los naranjos desde el alminar.


Yo me estoy quemando vivo
en el fuego de tu cara:
junto al caño del Olivo
deja que beba de tu agua clara.
(Pasodoble de M. Salcedo Hierro: Cortés Molina)

Junto al caño se inclina, apuntalado por un rodrigón, el centenario olivo que le da nombre. Ricardo Molina, poeta integrante del Grupo Cántico que, constituido en 1.947, contó con poetas, pintores y escritores como, Juan Bernier, Miguel del Moral, Pablo García Baena, Ginés Liébana, Julio Aumente y Mario López, entre otros, nos dice: "Es lógico suponer que Góngora tuviese este patio entre sus lugares predilectos, cuya contemplación cotidiana acendraría su ideal de una naturaleza estilizada, pura y en cierto aspecto arcádica. Aquí el fragante naranjo, la airosa palmera y algún que otro clásico ciprés, forman un bosquecillo geométrico de espeso y perenne verdor. El agua rumorosa de la fuente barroca, el cielo, el sol y la sombra, son las eternas notas naturales que con la torre solemne y los claustros laterales se conciertan en espontánea armonía.(...) Simple su encanto como sol y agua, como cielo y piedra...(...)Alabanza a la vida, a la luz, a la belleza, durante el día, el Patio de los Naranjos es de noche, bajo la luna, una elegía de penumbras, un retiro propicio a la nostalgia, al recuerdo, a la meditación".

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Pila bautismal


Más información sobre la //Mezquita-Catedral//

Nos introducimos en la Mezquita-Catedral para dirigirnos hacia el muro este, a la Capilla nº 34, donde se halla la pila bautismal donde fue bautizado nuestro poeta. El interior de la Mezquita-catedral en tiempos de Góngora era parecido al actual. En los tiempos de Góngora, según el poeta Pablo García Baena, la pila se hallaba en el Sagrario. Se ha dicho que la Mezquita-Catedral es un bosque y este tópico nos permite, como haría Góngora, perdernos en el bosque y soñar la aventura. Existen ciertos aspectos comunes entre la Mezquita y la poesía de Góngora : los mosaicos del Mirhab o la técnica fabulosa de los arcos cruzados evocan la plata, la seda, los caprichos fantásticos del mundo vegetal, en consonancia con la arquitectural obra gongorina, excelente y ornamentada hasta lo infinito. "En esta pila, el 12 de julio de 1561 bautizó Bartolomé Pérez a Luis, hijo de don Francisco de Argote y de doña Leonor de Góngora, su mujer. Fueron compadres don Diego de Sosa y Luis de Angulo, comadres doña Beatriz de Góngora y dona Elvira Venegas, vecinos de Córdoba". (Extracto de la partida de bautismo)


Avanzamos hasta situarnos frente a la Capilla de San Esteban y San Bartomé, la última de la derecha del muro sur (nº 13). Carece de interés artístico. Lo único interesante es el hermoso frontal del altar con alicatado del s. XIV. El cadáver del poeta fue sepultado junto al de su tío don Francisco y a los de sus padres, pero su sobrino y heredero don Luis de Saavedra y Góngora no se preocupó de poner ni un sencillo epitafio en la tumba. De ahí la dificultad de identificar el cadáver.
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Capilla de San Esteban y San Bartolomé

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Hornacina con los restos de Don Luis




Ricardo Molina nos dice que, en contraste con el abandono con que fueron tratados los restos de don Luis, su muerte fue universalmente sentida en el mundo literario español y americano. He aquí el magnífico soneto que le dedicó Lope de Vega, enemigo en la estética en la Corona fúnebre (1627):

Despierta, oh Betis, la dormida plata,
y coronado de ciprés, inunda
la docta patria en Sénecas fecunda,
todo el cristal en lágrimas desata.

Repite soledades, y dilata
por campos de dolor vida profunda.
Única luz que no dejó segunda,
al Polifemo ingenio Atropos mata.
Góngora ya la parte restituye
mortal al tiempo, ya la culta lira
en cláusula final la voz incluye.

Ya muere y vive, que esta sacra pira
tan inmortal honor le constituye,
que nace fénix donde cisne expira.
Puede procederse a leer la composición del también cordobés Rafael Blanco Belmonte, evocando sus últimos momentos, con motivo del tercer centenario de su muerte:

EL TRÁNSITO DEL PRÍNCIPE-RACIONERO
Al despertar el alba
y fenecer las sombras,
con paso vacilante
de vida que se agota,
acude un achacoso Racionero
a la Mezquita-Catedral de Córdoba,
y allí celebra misa
y a la paz de su casa se retorna.
La casa está muy triste,
la casa está muy sola,
sólo en su puerta llaman
los que van por limosna.
Nadie busca al humilde Racionero
que, entre nardos y rosas,
ha colocado un capitel que muestra
un jerifalte con las alas rotas.
Entre el jazmín morisco
y la parra frondosa,
colgada está en el patio
la jaula de la alondra.
El señor Racionero abrió la puerta,
y el ave trinadora
dejó atrás el silencio del vacío
y, con ansia de Sol, huyó dichosa.
Dicen que el Racionero
ha perdido la luz de la memoria,
dicen que su flaqueza
le aflige y abochorna.
Dicen que los ingenios de la corte,
celebrando la magia de sus coplas,
lo proclamaron Príncipe
de cuantos alzan cálices de estrofas...
La casa está más triste,
la casa está más sola...
Y una mañana, espléndida
como fragante rosa,
el pobre Racionero llegó en hombros
a la Mezquita-Catedral de Córdoba.
Rezáronle la misa de difuntos
y allí quedó, cadáver en la fosa.
Y luego, un pendolista,
cultivador de crónicas,
tajando bien la pluma,
trazó con frase sobria:
"A veintitrés de mayo del presente,
el Cabildo Eclesiástico de Córdoba
tiene ración vacante:
ha muerto el Racionero Luis de Góngora"


Nos dirigimos hacia la Capilla de Santa Inés, (nº 18) en el muro sur, pues en estos días se encuentra cerrada al turismo la Capilla de Santa Teresa donde se halla habitualmente, junto al resto del tesoro catedralicio. En ella se exhibe la Custodia de Arfe. Se apunta la influencia que esta magna obra debió ejercer en el espíritu de don Luis. La Custodia, labrada en plata, plata dorada y oro por don Enrique de Arfe entre 1510 y 1516, es una joya inapreciable del Tesoro catedralicio, entonces como ahora. A Góngora, que derrochó más que nadie el tesoro del léxico en sus versos, debió seducirle tal joya por responder al ansia de perfección, de belleza absoluta, ideal que resume su obra.

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Custodia de Arfe



Procedemos a abandonar la Mezquita-Catedral, para por la Puerta de los Deanes dirigirnos hacia la Puerta del Puente y al río Guadalquivir. La Puerta del Puente, llamada así por estar situada frente al Puente Viejo y que por tratarse de la puerta principal de entrada a la ciudad se construyó con la estructura de un arco de triunfo. Fue constuida en el s. XVI por Hernán Ruiz III, durante el reinado de Felipe II. Junto a la puerta se encuentra otro de los poemas dedicados a Córdoba. Pertenece a Góngora y fue escrito desde Granada donde se hallaba, siendo recriminado, al parecer, por los cordobeses por su larga ausencia de la ciudad.

Actividad: Copiar el poema A Córdoba respetando la grafía. Seleccionar los sustantivos y describir a partir de ellos el paisaje que el autor recuerda.





Si miramos en dirección al río, contemplamos la Torre de la Calahorra. La visión panorámica de la ciudad desde este punto, ha hecho de él uno de los más reproducidos tanto para los viajeros románticos, como para pintores y fotógrafos actuales. Quizás desde aquí contemplara la ciudad Juan Bernier, creador del Grupo Cántico y admirador de Góngora, cuando escribió este poema:


Amarillo perfil de arquitectura
De cúpulas y torres coronado,
Torso de duro mármol cincelado,
Estatua de ciudad, Córdoba pura.

Abres el valle virginal figura
A la que el Betis besa emocionado
Y en tu más alta torre reflejado
El oro de tu arcángel te fulgura.

Arena y cal, olivo, serranía,
Enhiesto pino, palmeral ardiente
Ciñen tu delicada argentería,

Relicario de siglos donde oriente
Engarza en vesperal policromía
Tu albo destello, ¡Oh perla de occidente!
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Puente romano y mezquita-catedral


Nuestro recorrido continúa bordeando la Mezquita-Catedral por C/ Corregidor Luis de la Cerda hasta llegar a las calles Alfayatas, Zapatería Vieja, Badanillas, Calderos, Calceteros. Estamos en el barrio de los oficios. Continuamos el recorrido por la calle Badanillas hasta llegar a la calleja Cabezas, en dirección a la casa-palacio donde se ha creado la Fundación-Museo de Góngora o Casa Góngora, como ahora se le llama, recinto de exposiciones hasta ahora. Esta calleja mencionada nos lleva al S. X con un episodio truculento que ha quedado recogido en el Cantar de los infantes de Lara, en la Crónica General y en el Romancero Viejo.

Continuamos nuestro paseo hasta alcanzar la Puerta del Portillo de Mercaderes, llegando en este punto a la calle de San Fernando. Enfilamos por la calle San Francisco y en breve estamos en la Plaza del Potro que alberga el muy famoso mesón o posada, hoy dedicado a actividades relacionadas con el flamenco. Este mesón, junto con el del Sol, el del Toro y el de la Herradura, entre otros, fueron destacados en tiempos de don Luis, la mayoría pertenecientes al cabildo catedralicio, para quien constituían notable fuente de ingresos. Ricardo Molina nos dice: "Muchas veces entraría Góngora en su amplia cocina a departir de toros, de poesía y de amores con sus amigos, ante un jarro de vino de Lucena. Muchas también, recataría también en discretos apartados clandestinas partidas de naipes y no pocas, alguna que otra aventura o lance amoroso".

El lugar es un importante enclave literario; se alude a él en obras picarescas y en El Quijote como lugar de encuentro de pícaros. Cervantes lo incluye en una curiosa enumeración de espacios relacionados con el hampa:

“...buscando aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga, Islas de Priarán, Compás de Sevilla, Azoguejo de Segovia, La Olivera de Valencia, Rondilla de Granada, playa de Sanlúcar, Potro de Córdoba y las Ventillas de Toledo y otras diversas partes.”

Otro famoso pícaro de nuestra literatura, Estebanillo González, se refiere a esta plaza como una de las facultades donde los de su profesión podían alcanzar el grado de doctores:

“Llegué a Córdoba a confirmarme por Angélico en la calle de la Feria, y a refinarme en el agua de su Potro porque después de haber sido estudiante, paje y soldado, sólo este grado y caravana me faltaba para doctorarme en las leyes de profeso.

Don Luis de Góngora también alude al lugar en un romance de 1585 para indicar que nadie nacido en El Potro puede ser víctima fácil de un engaño, por lo que las famosas damas pedigüeñas que tanto aparecen en los textos del Siglo de Oro, deberán buscar en otra parte a quien embaucar:

Si las damas de la corte(1)
quieren por dar una mano
dos piezas del toledano,
y del milanés un corte,
mientras no dan otro corte,
busquen otro,
que yo soy nacido en el Potro.

Si por unos ojos bellos,
que se los dio el cielo dados,
quieren ellas más ducados
que tienen pestañas ellos,
alquilen quien quiera vellos,
y busquen otro,
que yo soy nacido en el Potro.

Si un billete(2) cada cual
no hay tomallo ni leello,
mientras no le ven por sello
llevar el cuño real,
damas de condición tal,
buscad otro,
que yo soy nacido en el Potro.
Si a mi demanda y porfía(3),
mostrándose muy honestas,
dan más recias las respuestas
que cañones de crujía,
para tanta artillería
busquen otro,
que yo soy nacido en el Potro.
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Plaza de El potro

Si algunas damas bizarras(4),
no las quiero decir viejas,
gastan el tiempo en pellejas,
y ellas se aforran en garras,
vayan al Perú por barras,
y busquen otro
que yo soy nacido en el Potro
.
Si la del dulce mirar(5)
ha de ser con presunción
que ha de acudir a razón
de a veinte mil el millar,
pues fue el mío de al quitar,
busquen otro,
que yo soy nacido en el Potro.

Si se precian por lo menos(6)
de que duques las recuestan,
y a marqueses sueño cuestan
y a condes muchos serenos,
a servidores tan llenos
huélalos otro,
que yo soy nacido en el Potro.

1. Juego de palabras con la palabra corte: a) Conjunto de personas que acompañan a un rey, príncipe o personaje real. Acompañamiento, comitiva, séquito.b) Trozo de tela u otro material semejante con que se confecciona una *prenda: "Un corte de vestido", en este caso de los valiosos de Milán. c) El autor, probablemente, deje el significado a voluntad del lector.
2. Se alude a la desconfianza e interés material de las damas.
3. Se evoca la dureza de carácter con que las damas tratan a quien las corteja en pro de su honestidad.
4. Se trata de describir a estas mujeres como fornidas y sin atractivo, cubriéndose con capas de belleza y afilando sus defensas.
5. Aquí se muestra lo caro de conseguir la mujer bella.
6. Se desprecia el orgullo y vanidad de ser cortejadas inútilmente por toda la corte, gracias a la sapiencia que da el haber nacido en el Potro.

Parece que la fuente de la plaza y su nombre están relacionados con un mercado de ganado que se celebraba en la zona, y enfrente, la antigua Posada del Potro, muestra de arquitectura popular. La Posada está declarada como Monumento Arquitectónico-Artístico. En su origen fue de mayores dimensiones. Esta posada alojó a Miguel de Cervantes, Lope de Rueda, entre otros importantes autores literarios. Es una vivienda típica del siglo XV, en la que sus habitantes vivían en dependencias que rodeaban a un patio común, lugar de comedias durante los siglos XVI y XVII y frecuentado por don Luis, a pesar de estar vedado a los miembros de la Iglesia. De su afición al teatro surgirían Las firmezas de Isabela y, posteriormente, El doctor Carlino.. A este tipo de construcciones se les denominó también Corrales. En el interior se conservan casi intactos las cuadras, la galería alta con sus barandas, soportes y tejadillo de madera, pequeñas habitaciones y el patio, que se han mantenido intactos casi seiscientos años. Aunque ha perdido dos o tres habitaciones, que fueron englobadas por casas adyacentes.
En marzo del año 2010, tras casi cuatro años de rehabilitación y cinco cerrada al público, la Posada del Potro reabrió sus puertas convertida en el Centro Flamenco Fosforito, un lugar que nace con la pretensión de ser un referente a nivel
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Entrada a la Posada
nacional del Flamenco.




Continuamos la ruta por la calle Armas hasta alcanzar la Plaza de Las Cañas, denominación debida a los juegos de cañas y otros festejos celebrados desde la Edad Media. Luis de Góngora alude a esta costumbre en su famosa letrilla Hermana Marica, recogida en este Paseo.


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Plaza de Las Cañas



Contigua a ella se encuentra la más famosa plaza cordobesa: La Corredera. En la Edad Media era un mercado al aire libre, una explanada que fue cerrándose durante los siglos XVI y XVII hasta adquirir la actual estructura. Su extensión la hizo idónea para la celebración de juegos de cañas y fiestas de toros (de ahí el nombre de Corredera y el de Toril, que tiene la estrecha calle que desde el lado este desemboca en la plaza. En las grandes festividades se alquilaban ventanas y balcones para presidir los espectáculos, debiendo abandonarlos sus inquilinos habituales. Su aspecto general en la actualidad difiere del que tenía en tiempos de Góngora. Según nos dice el profesor Ortiz Juárez, su forma antigua queda reflejada en la parte que ocuparon las casas de doña Jacinta, quien no quiso vender su vivienda y se opuso a la reforma porticada actual. En dicha plaza se encontraban mesones como el del Toro, de San Antonio, de la Paloma, que albergaban personajes de condición diversa. El Diablo Cojuelo, cuando se acercó a la ciudad, nos dice:

“Y entrando por el Campo de la Verdad (pocas veces pisado por gente de esta calaña) a la
Colonia y Populosa patria de dos Sénecas y un Lucano, y del padre de la Poesía española, el celebrado Góngora, a tiempo que se celebraban fiestas de toros aquel día y juegos de cañas, acto positivo que más excelentemente ejecutaban los caballeros de aquella ciudad, y tomando posada en el mesón de las Rejas, que estaba lleno de forasteros que habían concurrido a esta celebridad, se apercibieron para ir a vellas, limpiándose el polvo de las nubes; y llegando a la Corredera, que es plaza donde siempre se hacen estas festividades, se pusieron a ver un juego de esgrima, que estaba en medio del concurso de la gente...”
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En 1571, cuando Góngora contaba diez años, se celebraron diversas representaciones, simulacros bélicos, combates navales y mascaradas en exaltación de la batalla de Lepanto, según Ramírez de Arellano.

La afición taurina se hallaba muy desarrollada en Córdoba y provincia. Todas las clases sociales acudían a la taurofilia, incluso los eclesiásticos. La nobleza y los caballeros rivalizaban en estas fiestas. El Conde de Cabra y el Marqués de Priego (tan poco afecto a don Luis), el poeta don Pedro de Cárdenas y Angulo (amigo de nuestro autor), fueron grandes lidiadores. En 1612 se dio una gran fiesta de juegos de cañas y corridas de toros en honor del príncipe Manuel Filiberto de Saboya, huésped de la ciudad. Cuando el Obispo Francisco Pacheco reprochó a Don Luis sus asistencia a las corridas de toros en La Corredera, la contestación de nuestra poeta fue la siguiente: "Que si vi los toros que hubo en la Corredera las fiestas del año pasado fue por saber iban a ella personas de más años y más órdenes que yo y que tendrán más obligación de saber y entender mejor los motu propios de su Santidad". Rafael Alberti escribió esta letrilla A don Luis de Góngora y Lagartijo rememorando su afición a los toros.

Tu capotillo don Luis,
tu capotillo de oro,
¡mira que me coge el toro!
mi amante con su querido
me está poniendo los cuernos,
ya suelte taco o ternos
soy un cabrón consentido,
si quiero mirar erguido
me pesa la frente y lloro.
Tu capotillo don Luis,
tu capotillo de oro,
¡mira que me coge el toro!
Todas las noches del año
el hijo de la gran puta
con mi amante prostituta
va y viene del coro al caño
y por si no es poco el baño
viene y va del caño al coro.
Tu capotillo don Luis,
tu capotillo de oro,
¡mira que me coge el toro!
Audio de Rafael Alberti
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Sección que respeta la arquitectura antigua.



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Plaza de La Corredera

Actualmente la Plaza de la Corredera es un importante centro de convivencia entre los cordobeses con multiplicidad de actos diversos, culturales y recreativos, que no hacen sino prolongar la vida del lugar. Nos felicitamos por ello.

En este punto damos por terminada nuestra actividad no sin antes recomendar la visita a Santa María de Trassierra, lugar gongorino en los últimos años de vida de D. Luis. Deseamos que haya servido como disfrute esta evocación de nuestro poeta universal en un ámbito compartido por todos nosotros, no sin antes dar lectura a este poema escrito por Fernando Villena:

EL MAR DE GÓNGORA

A Carlos Clémentson

¿Cómo entre las callejas blancas de Córdoba,
morunas, soleadas con crudeza,
hondas y solitarias,
cómo un hombre de iglesia y de baraja,
tan lejos de la mar y su alegría
pudo escribir del mar versos tan bellos?
¿Cuál es el mar que vio don Luis de Góngora?
¿O acaso erudición y engaño es todo
en el alto prodigio
de aquellas Soledades
que acabar nunca quiso o nunca pudo?
¿Son las playas de Málaga,
las rocas que sostienen Gibralfaro,
las que tal vez un día
con sus ojos de azor
contempló el gran poeta
durante alguno de esos gratos viajes
que le encargó el cabildo?
Dinos, cuál es tu mar, cuál tu secreto,
viejo zorro, don Luis;
cuáles fueron las olas, las bahías,
las naves, los islotes
que tu mente evocaba un día y otro
y más a la caída de la noche
en aquel Madrid turbio
de odios, de indiferencias y de intrigas,
sólo unos meses antes
de atender la visita de la muerte.


Fernando de Villena


Santa María de Trassierra



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Iglesia de Santa María de Trassierra
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Mapa del entorno de Santa María de Trassierra


En este entorno pasó parte de los últimos años de su vida D. Luis, entregado a la composición de su obra Soledades.
La iglesia de Santa María se halla en la aldea de Trassierra. El poeta José de Miguel, vinculado al Grupo Cántico, recoge en su artículo publicado en Tribuna que "Es tradición en Córdoba que don Luis de Góngora fue vicario de la modesta iglesia de Trassierra". En mayo de 1614, en una justa poética habida en Córdoba con motivo de la beatificación de Santa Teresa de Jesús, don Luis concurrió al certamen y ganó con el nombre "supuesto" de "Vicario de Trassierra". Sabemos que el Señorío de Trassierra estaba vinculado a la Casa de los Góngora (pasando, con el ducado de Almodóvar, a los marqueses de la Puebla de los Infantes), lo que justifica que la familia tuviera allí algunas tierras y que D. Luis pasara allí alguna temporada. Justo al lado, se encuentra la aún llamada Casa del Cura, "venida hoy en casa de restauración, como ahora mal se dice, en cuyos fogones se aderezan conejos, perdices y otras provisiones venatorias de sus próvidos montes", dice De Miguel en su artículo. Como vicario de Trassierra aparece en la lápida de mármol que prestigia los muros de la única iglesia que allí hay, inserta en un espacio de origen probablemente romano, que se conformó ya en la Edad Media. Es de estilo góticomudéjar y posee una estimable colección de obras artísticas, entre ellas el retablo mayor, del siglo XVII, procedente de la Catedral.

En lugares tan bellos como estos pudo el autor dar forma a una obra, que, según se piensa, se pudo gestar en los campos de Huelva cuando visitó al Marqués de Ayamonte.

Bibliografía:
- De Miguel Rivas, José. Don Luis de Góngora, ¿vicario de Trassierra? Tribuna.
- Molina. Ricardo. Córdoba en sus plazas. Ayuntamiento de Córdoba. Córdoba, 1995
- Molina, Ricardo: Córdoba gongorina. Córdoba, Servicio de publicaciones del Ayuntamiento, 1962.
- Ortiz Juárez, José Mª. La Córdoba de Góngora. Edic. Diario Córdoba. 1966.
- Ramírez de Arellano, T. Paseos por Córdoba o sean apuntes para su historia. Librería Luque, Córdoba. Editorial Everest, León 1975.
- Romero de Torres, Enrique.Documento histórico en el cual consta que el célebre poeta cordobés y racionero de la iglesia catedral de Córdoba don Luis de Góngora y Argote era aficionado a los toros /. Sección de Historia. Biblioteca Cervantes Virtual.